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Secretos para organizar un gran evento electoral: Gorros, banderas, vinchas e inflables

In AMÉRICA LATINA, ARGENTINA, ARTÍCULOS Y MÁS on mayo 13, 2009 at 7:32 pm
Por:Ariel Zak y Federico Sierra

Claudia Yerien es experta en merchandising proselitista. Dice que hasta el 28 de junio estará en “temporada alta”. Trabaja para oficialistas y opositores. “Los políticos tienen debilidad por estas cosas”, afirma. “El cierre de campaña es un momento hermoso”.

Trabajó para cuatro gobiernos nacionales, presta sus servicios a grupos oficialistas y opositores por igual. Conoce al detalle las bambalinas del lado más espectacular de la política, la puesta en escena de la campaña electoral. Como una directora de orquesta, Claudia Yerien coordina merchandising, cotillón, luces, utilería y efectos especiales para que en cada acto la política se vuelva visible en sus gestos, pequeños o espectaculares: una teatralización del poder y la promesa.

“Ahora estoy en plena “temporada alta”, hasta el 28 de junio. Son meses de trabajo intenso, sin horarios fijos y a contrarreloj”, explica Yerien. Sin bien existen muchas agencias de marketing promocional en Buenos Aires, la suya se distingue por la larga trayectoria en actos políticos y gremiales, donde las convocatorias pueden ser enormes y la artillería del merchandising cobra un peso y un significado especial. La sensibilidad de la información que se maneja es alta. “Exige una lealtad especial”, explica Yerien y se esfuerza en aclarar una y otra vez que ella “no tiene ideología partidaria”.

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Hoy todos quieren más y mejor, el político quiere estar primero siempre, tiene una gran debilidad por estas cosas”. ¿Y de dónde sale la plata para pagarlo? Yerien responde: “Básicamente, de las adhesiones. A veces yo no trabajo directamente con el candidato que encabeza el acto sino con quienes adhieren a él: empresarios aliados y gremios”.

En el rubro vestuario, los gorros, pecheras, remeras y sombreritos. En utilería pueden ser banderas, sombrillas, mesas, lapiceras, folletos, carteles portátiles y un arsenal de cotillón para miles de simpatizantes políticos. También efectos especiales, cada vez más espectaculares: globos aerostáticos, juegos de láseres y cañones lanzapapeles. Por estos meses, los globos aerostáticos son muy buscados. Ella revela algunos de sus secretos. El que lo tiene más grande es el matrimonio presidencial, con su famoso pingüino inflable, que mientras no se usa está guardado en un lugar secreto. Luego siguen los zepelines, que tienen 4 metros de largo, se llenan con gas helio para elevarse hasta los 50 metros de altura. “Si hay una “guerra de globos” –explica Yerien– es porque es uno de los elementos preferidos para la campaña: son económicos y te ven todos. Cada grupo político tiene su propio globo, mi servicio es guardarlo, mantenerlo en condiciones y hacerlo inflar y amarrar en el horario y lugar específico. “Este servicio puede costar entre dos y tres mil pesos por jornada, y el precio de cada globo va desde los 700 hasta los 4.000 pesos, según el tamaño y el diseño”.

En política, los actos se deciden sobre la marcha de los acontecimientos. Durante el conflicto que el gobierno nacional mantuvo con las patronales agrarias el año pasado, cada sector definía las manifestaciones de apoyo en el devenir de las negociaciones. “Es cuestión de horas, no hay actos programados. Fueron días a las corridas con mucho trabajo y en los que nunca se puede descuidar el aspecto fundamental que es la seguridad”.

Por esa época, dos hechos trágicos trajeron la muerte a los actos políticos. El 17 de junio un farol de Plaza de Mayo adonde estaba atado un pasacalle cedió y se desplomó sobre la cabeza de un joven militante K y lo mató en el acto. Días después, el 9 de julio, una tribuna se vino abajo durante un acto presidencial en Tucumán. Allí murió un hombre de 54 años y 21 quedaron heridos. “Yo no se qué tipo de medidas habrán tomado quienes organizaron esos actos, pero es por cosas así que yo soy obsesiva en cuestiones de seguridad, los riesgos son enormes. Yo tengo mucha experiencias en megaeventos y puedo decirle a un cliente “esto así no lo hago” o negarme a trabajar en ciertas condiciones si veo que la seguridad está en riesgo”, advierte Yerien.

Sin dudas, la perla de una campaña es el acto de cierre. “Un momento hermoso, la apuesta mayor, donde se pone todo en juego. Los candidatos saben que es el último día para mostrarse. La adrenalina y el fervor es muy grande, tal como el rugido de la popular cuando sale su equipo a la cancha”.

Fuente: Crítica Digital de la Argentina

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