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¿Quién le cree a la sonrisa de un candidato?

In ARTÍCULOS Y MÁS on mayo 26, 2009 at 3:57 am

Dicen algunos expertos en el marketing político, que una foto perfecta para un afiche electoral debe parecerse a la Monalisa. Pero, ¿quién le cree a la sonrisa de un candidato?

Por Vera Carbajal

La pose de gente sencilla esta hecha para los candidatos que vienen de sectores poderosos, candidatos que se presentan como si fueran un ciudadano más del “pueblo”, a favor de la gente común y silvestre, los desempleados, los que ganan el mínimo, los que hacen la fila para el SISBEN, cuando en realidad son millonarios que encuentran en lo público un buen negocio para ellos, sus familias y sus socios, pero que necesitan vestir y hablar coyunturalmente como la gente común y de ser posible con un muy bien estudiado repertorio de refranes, dichos populares y canciones que los acercan al target donde están la mayoría de votos.

Por el contrario, quien lo creyera, muchos de los que vienen de sectores populares se alejan de estos, no faltando quien acuda al saco y a la corbata y a un inexacto título de doctor con el mismo fin.

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Las campañas están muy preocupadas por un bonito empaque que no diga mucho, que plantee elementos significativos generales, para que cada quien lo entienda como necesite. Palabras como cambio y seguridad, son ampliamente usadas, sin que nos enteremos con certeza si el cambio es a la izquierda o más a la derecha; el bien de todos, un futuro mejor, la ciudad que tú quieres, son otros de los muchos eufemismos donde se pretende decir mucho, pero no se dice realmente nada, por aquello del compromiso.

Finalmente, al no tener candidatos sólidos que representen lo que predican, hace que el plan del marketing desdibuje al candidato, tanto y más como el abusivo efecto de photo shop que hemos tenido que soportar en los póster electorales desde años pasados, donde francamente la diferencia de, por poner solo un ejemplo, entre el candidato Serpa a las elecciones presidenciales de 2006, y Eneas, el mismísimo compañero de Benitín, quedó en nada.

Los que votamos somos minoría en un país donde la abstención promedia un sesenta por ciento. Los que votamos estamos divididos entre quienes votan por compromisos burocráticos, por inercia, por compraventa, y una minoría que votamos por un ejercicio de derecho ciudadano, cada día más falaz.

Fuente: Tierra de Maíz

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