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Elecciones teledirigidas: encuestas, debates y entrevistas

In ARTÍCULOS Y MÁS, COSTA RICA on mayo 31, 2009 at 12:36 am
Por Emilia González Madriz

Si los debates políticos por televisión tienen audiencia es porque hay gente, ciudadanía, con inquietudes, indispensable en una democracia. Si, además, como sucede, los anteceden o acompañan insondables encuestas, no estoy segura de que sea mejor pero al menos contribuye al interés. Si la interpretación y entrevistas que hace la prensa de esos debates se torna más decisiva que el propio debate, la democracia sale burlada.

Si las reglas del debate no han sido inteligentemente negociadas, si son violadas o si su cumplimiento no es vigilado por un moderador imparcial, el debate se malea. Si eso se combina con inescrutables encuestas y la interpretación intencionada posterior, el debate perderá su finalidad: facilitar al ciudadano la información adecuada para decidir colectivamente.

Por eso hay que tener cuidado con los debates, las encuestas y las entrevistas. Hay que evitar una cobertura de los medios dedicada simplemente a la especulación sobre qué candidato lleva la delantera en la contienda, a los conflictos entre candidatos y sólo de manera marginal, a los asuntos mismos de la campaña –programa- y a las calificaciones de los candidatos.

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Por eso hay debates y debates. Unos que entienden la política desde la forma y no desde la sustancia democrática. En ellos, la preocupación está centrada en la construcción del escenario, los muebles, el despliegue de pantallas, la presentación de analistas y periodistas que asumen un papel protagónico hurtándolo a sus auténticos dueños: los candidatos, sus programas, el electorado. Otros que entienden la política como la evaluación confiable de los asuntos públicos con datos veraces, con profundidad y tolerancia. De estos tenemos escasa experiencia.

Con el primer tipo de debate, moneda corriente, se contribuye formidablemente a la imposición de decisiones de unos pocos. Los medios y los intereses que representan y no los procesos participativos son el factor clave que caracteriza el espacio público mediático y la comunicación política. Se trata del envío unilateral de mensajes sin posibilidades de réplica, la política queda únicamente como ejercicio del poder de un sector o sectores y la democracia ausente con aviso. Al final, todo es dinero, posicionamiento, ventas y ganancia. El electorado consagra pero no elige.

La ausencia de comunicación política de verdad y no sólo de publicidad y promoción constriñe el derecho a elegir tanto al 60 % del electorado que vota como al 40% de indecisos o desencantados -que no quieren meterse en política-. La política termine metiéndose con todos, de la peor manera y en su propia casa.

No es tema menor, en campañas pasadas, electorales y referéndum, la prensa, las encuestas, los analistas y los agentes de publicidad han formado parte de un entramado al cual se ha unido alegremente el TSE que, sin querer, queriendo, han contribuido a desvirtuar la razón misma democrática/electoral. ¿Irá a pasar de nuevo?

Fuente: El Pais

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