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México: Ratas y cursis, aunque nos duela

In MÉXICO on junio 2, 2009 at 3:21 am
Por Gabriela Warkentin

“¡Ah, chingá! ¿Y ‘ora qué hacemos con tanto video que anda por’ai?”

No se trata de censurar internet, ni de aceptar que en las reformas electorales se les “olvidó el entorno digital”, ni de vociferar alarmados por la guerra sucia en las redes. De lo que se trata es de reconocer que seguimos teniendo tomadores de decisión profundamente analógicos, que quieren abordar el mundo digital con ideas, conceptos y esquemas rebasados, y que se pierden en las minucias de la técnica en vez de aprehender los horizontes de la tecnología. Así no sólo vamos a seguir haciendo el ridículo, sino que nos empeñaremos en profundizar la brecha entre quienes viven y hacen en el siglo XXI, y quienes perduran y deshacen en el siglo XX. No es un asunto de partidos, ni de clases sociales, ni de generaciones, ni de cartografías. Porque en todos hay de ambos. Es un asunto de perspectiva y de dinámicas sociales.

Cuando alguien del gobierno de Veracruz amaneció sensible y le pareció que el video “Rata y cursi”, disponible en YouTube, ofendía a Fidel Herrera y a los suyos y a los otros y a los que pasaban por ahí y a los que todavía no habían llegado, y que el IFE debía intervenir, no sólo puso en evidencia las fallas de nuestras reformas electorales en materia de comunicación, sino que mostró ese chip autoritario, jerárquico, reverencial, que aún traemos dentro y que choca, en esencia y estructura, con las dinámicas del mundo digital.

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Algunos de nuestros comunicadores, a ratos encumbrados como justicieros mediáticos, pusieron la palabra “censura” sobre la mesa. Y las palabras pesan: hablar de censura vende. El episodio como tal carecería de importancia: porque el video es malísimo; porque si bien desapareció unos cibersegundos de YouTube, fue más por razones de derechos de autor que por ofensas a terceros veracruzanos; porque el video sigue en la red, sigue en YouTube, y se ha visto mucho más de lo que su calidad ameritaba. Lo que no carece de importancia es lo que evidenció. Y no fue la censura.

Se dijo que al querer censurar internet, México se estaba pareciendo a China, a Cuba. La comparación no se sostiene, porque en esos países se diseñó la arquitectura de y el acceso a la red de manera tal que se pudieran controlar contenidos, actividades, enlaces. Y les ha costado mucho. En México, más por default que por convicción, las cosas no son así. El acceso a las redes depende más de factores económicos, educativos, de exclusión social, que de la concesión de una autoridad controladora. Al querer retirar un video de YouTube o respingar por la guerra sucia en la red o pretender una regulación más restrictiva, es el temor a perder el control y a no poder incidir de las maneras tradicionales en la conversación de la gente, lo que está reaccionando. No es censura, es un modelo social y de comunicación que se reconoce tocado. Lo cual es aún más complejo, o más grave, porque las patadas de ahogado pueden ser feroces. Y ahí sí hay espacio para la censura.

Hace un par de años dije que internet en México ya comenzaba a jugar un papel importante. Más de uno me miró con displicencia mientras murmuraba un “será en Estados Unidos”. Sólo tres años después, y con más de una cuarta parte de la población activa en internet; ante una sociedad más consciente, agraviada y afirmada; frente a segmentos sociales tan diversificados y plurales que apenas se reconocen; con una ley que desterró ciertos contenidos de radio y tv; comenzamos a ver reacciones: ahora parece sí importar el papel que juega internet. Pero lo es por las malas razones. Pocos se han dado cuenta, por ejemplo, de la manera en que las redes sociales han incidido para que hoy ya 10% del electorado prefiera ir a anular el voto. Pero no doy ideas, no vayan a querer bloquear Facebook, como lo acaba de hacer el gobierno iraní, ante la actividad de la disidencia en esas redes.

Para como estamos, dejemos mejor que el pensamiento analógico siga sorprendido porque hay un video por ahí, malón, que se titula “Rata y cursi”.

Fuente: El Universal

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