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Twitter

In ARTÍCULOS Y MÁS on junio 10, 2009 at 11:26 pm
Por Diego Beas

La última moda en tomar Washington por asalto es el servicio de micro blogging Twitter -140 caracteres lanzados al ciberespacio sin ton ni son-, utilizado desde por líderes del Congreso hasta por la mayoría de las compañías del Fortune 500.

Como suele suceder con frecuencia en Estados Unidos, una moda, una creación reciente, una nueva tecnología, toma súbitamente por asalto el interés colectivo y en cuestión de meses se vuelve parte integral de la vida nacional. La adición más reciente a la lista es Twitter, una página en Internet que permite enviar mensajes de hasta 140 caracteres. Hace tres años el servicio no existía; hoy en Washington los políticos no pueden imaginar su vida sin él.

Sobre en qué consiste exactamente Twitter y cómo funciona no hay mucho más que añadir. Un limitado número de caracteres en los que el usuario sintetiza al máximo un mensaje, una idea, una noticia.

“Anoche nos despedimos de Gilbert, nuestro querido y leal Daschund. Un buen amigo, triste de que no esté acurrucado a mi pies”, escribía ayer por la mañana George Stephanopoulus, un reconocido periodista de ABC y antiguo portavoz de Bill Clinton, en su perfil de Twitter.

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O estos dos mensajes de Claire MaCaskill, popular senadora de Missouri y uno de los miembros del Congreso que más utiliza la herramienta: “Reunión en el Departamento de Defensa. Muy importante. Muchos gastos en contratos militares”. Seguido de: “De vuelta en casa, para preparar la cena de cumpleaños de mi hermano. Sus favoritos: pierna de cordero, espinacas, lasaña y ensalada”.

Por banal y poco interesante que pueda parecer, hasta el día de ayer, MaCaskill, miembro de los comités de las fuerzas armadas y de comercio, ciencia y transporte del Senado, tenía más de 25 mil seguidores en Twitter.

Nada en comparación a los más de 400 mil de Newt Gingrich, el antiguo líder de la bancada republicana en la Cámara de Representantes y hoy uno de los críticos más feroces de Obama -y uno de los republicanos que encabezan las quinielas para las presidenciales de 2012-.

Hace un par de semanas, horas después de que Obama nominó a Sonia Sotomayor para ocupar un asiento en la Suprema Corte de Justicia, Gingrich lanzó este mensaje a través de Twitter: “Un hombre blanco racista estaría obligado a no aceptar el nombramiento. Una mujer latina racista también”.

Las palabras del ex congresista de Georgia causaron la que quizá fue la primera crisis política de la era Twitter. En parte explicada por la economía de palabras y en parte por la franqueza irreflexiva a la que se presta el formato. Gingrich fue criticado duramente y días después se vio obligado a reconocer que se precipitó en su juicio y ofreció una disculpa.

“Apuesto a que en los próximos 12 meses algún político tendrá que renunciar a su cargo por algo que escribió en Twitter”, me comentó Paul Saffo, profesor de Stanford y gurú tecnológico, en una visita reciente a Silicon Valley.

El pasado 21 de abril, Gavin Newsom, el Alcalde progresista de San Francisco hacía este anuncio en el servicio de micro blogging -medio millón de seguidores-: “Es oficial, me presentaré a las elecciones de Gobernador de California. Quería que fueran los primeros en saberlo. Necesito su ayuda. Vean el video: http://tr.im/iOCN y reenvíen el mensaje”.

Lo fascinante de casos como el de Gingrich o Newsom es que nos ofrecen una ventana a la comunicación política del futuro: instantánea, breve -imprescindible para ser instantánea- y, quizá la característica más revolucionaria, sin intermediarios-¿cuál será el papel de los medios en este nuevo ecosistema de comunicación? ¿tienen algún papel?-.

La locura por Twitter no sólo ha permeado entre políticos. El servicio se ha convertido de la noche a la mañana en la herramienta preferida de publicistas y expertos en mercadotecnia que buscan lo último en instrumentos para tomar el pulso al animo colectivo y escuchar en directo la conversación nacional. Por ahora, cuenta con más de 22 millones de usuarios -con un ritmo de crecimiento este año del 1.382 por ciento, saque cada quien las cuentas de hasta dónde puede llegar-.

Twitter se puede ver como una colección arbitraria de mensajes sin mucho sentido; pero también como un torrente de información actualizada al instante sobre lo que pasa por la cabeza de millones de personas.

Starbucks, Dell, Microsoft, Coca-Cola y decenas de otras compañías han establecido en semanas recientes nuevas posiciones dentro de la empresa para dar seguimiento, analizar y participar de esta nueva forma de conversación.

El otro ámbito en el que Twitter ha irrumpido con fuerza es en el de los medios de comunicación. La lista de acontecimientos que primero fueron revelados en Twitter crece día con día: un terremoto en California a finales de 2006, el avión que acuatizó frente a Nueva York en enero, los atentados terroristas en Bombay en noviembre pasado y el alzamiento ciudadano en Moldavia en abril.

La instantaneidad y ubicuidad de la herramienta están provocando que hasta la propia televisión parezca un vestigio de las comunicaciones del siglo 20 -no diré nada sobre dónde quedan las ediciones impresas de los periódicos-.

¿To tweet or not to tweet? Esa es ahora la pregunta en Washington.

Fuente: Reforma

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