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Bolivia: La nacionalización a la boliviana

In BOLIVIA on junio 29, 2009 at 1:08 am

Por Cayo Salinas

Una de las medidas más exitosas llevadas a cabo por el gobierno de Evo ha sido la nacionalización. Con habilidad y olfato político, lograron estructurar un discurso en el que predominó un componente nacionalista por encima de gestión y eficiencia empresarial.

Y es que ése era el objetivo, es decir, que de la nacionalización provenga un rédito de tal magnitud, que los votos a favor de Evo muestren un mejor comportamiento estadístico y que sus índices de popularidad nunca desciendan.

La medida, vista desde ese punto de vista, fue productiva. A la gente se le hizo creer que los resultados de la misma iban a repercutir en generación de fuentes de empleo y en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, y que todo lo hecho con anterioridad al 1º de mayo no solamente fue un fracaso, también una estafa de proporciones insospechadas.

Bien valía entonces apoyar aquello que sea contrario a la capitalización y al discurso que propugnaba la atracción de capitales. Así, como estaban dadas las cosas, Evo encontró el mejor escenario y contexto para promocionar “su nacionalización” y, a partir de ahí, afianzarse en el poder diseñando una estrategia dirigida en ese sentido. El contexto internacional le era favorable por los altos precios de cotización del barril de petróleo y el interno aún más, por la ausencia de una oposición partidaria cohesionada en torno a un proyecto político asentado en un partido, no en grupos de amigos jugando a hacer política.

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Frente a lo que anoto, Evo se desenvolvió de cara a la nacionalización en un ambiente que fue capaz de asimilar la medida como un hecho casi inevitable, irrefutable e incuestionable, aspecto que posibilitó –incluso– que no se vea afectado con el caso YPFB. Y es que en los ya conocidos discursos del socialismo del siglo XXI, los muchachos del MAS mostraban que luego de los años de la capitalización, el país recuperaba lo que el liberalismo democrático constitucional le había quitado y que recién éramos capaces de entrar a las ligas mayores y jugar en un ruedo donde todo lo que no sea indigenismo y anticolonización, era pura patraña.

Así, como marketing político, la medida fue perfecta. Evo se posicionó de tal manera que no había forma de contradecir que la nacionalización era la forma adecuada de devolvernos autonomía respecto al control y aprovechamiento de nuestros recursos naturales. Y como ya lo anoté, fue éste el mejor logro de su gobierno.

Comercializar políticamente una medida que técnicamente hablando, hace inviable la existencia económica de una empresa en manos del Estado. Ahora bien, si políticamente le fue bien al MAS nacionalizando empresas capitalizadas y a alguno de sus más altos mandos partidarios les redituó ingresos económicos aún no cuantificados, al país le fue como la mona.

No sólo perdimos el privilegiado puesto uno como país con mayor reserva de gas probable y probada, sino que ahuyentamos inversión pasando a una categoría donde ya se comienza a hablar de inseguridad energética interna. Bien vale la pena subrayar lo siguiente: la capitalización sirvió para que Bolivia ingrese al ruedo de los pesos pesados en materia de energía y sea capaz de garantizar la venta de gas a Brasil y Argentina, lo que permite que hoy en día el gobierno de Evo disfrute de ingresos que le posibilitan sostener la política rentista de bonos, malas decisiones en términos de gestión y cobertura de empresas que aparentemente son quebradas por malas decisiones.

Por ello, la capitalización hay que mirarla analizando la coyuntura de ese momento. YPFB estaba destruida, el TGN ya no podía erogar más dinero para sostenerla y nuestros naturales compradores nos exigían seguridad en abastecimiento de gas.

El Estado no era capaz de ser eficiente administrando empresas altamente tecnificadas y tampoco podía darse el lujo de imponer porcentajes impositivos en un contexto de precios internacionales como el de 1994. Por supuesto que ahora es fácil hablar de incrementos en impuestos con los precios de petróleo cotizados como están, muletilla perfecta para satanizar lo que se hizo en el pasado. Y es que ambas coyunturas son diferentes y dejan en claro, mirando resultados, que la capitalización no fue mala conceptualmente y que la nacionalización sí lo fue.

La primera debió merecer ajustes que den curso a que el país reciba mayores ingresos sin que esté comprometida en los egresos como ahora sucede, por lo que no hacerlo progresivamente fue uno de los trampolines que usó Evo hacia el poder. Con la segunda, se despilfarró el momento que la capitalización esperaba le llegue privilegiando agendas políticas antes que agendas económicas.

La primera beneficia al partido, la segunda a los bolivianos, sin distinción de raza o pertenencia identitaria. Por tanto, nacionalizar a la boliviana o, lo que es lo mismo, comprar empresas asumiendo sus pasivos marca el absoluto descontrol que existe en esta materia. Sin capacidad de gestión y huérfanos de ideas, nos aprestamos a soportar las consecuencias y secuelas de la medida. Bienvenidos a la tercera etapa de este infernal periplo.

Fuente: Los Tiempos

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