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Contratar a Obama

In ARTÍCULOS Y MÁS, OBAMA on julio 3, 2009 at 3:19 am
Tras el discurso de Obama en El Cairo, ha quedado en evidencia, como explica Noam Chomsky, el papel decisivo que ha jugado EE UU en el mantenimiento del actual conflicto

Por: José Manuel Navarro Llena

Debo reconocerlo, los discursos de Obama, el presidente que ha revolucionado la forma (aún está por descubrir el fondo) de hacer marketing político y de saber llegar al corazón de sus votantes y de un mundo que ha depositado en él la esperanza de que las relaciones internacionales tomen un giro relevante hacia el desarrollo global e integrador de todas las clases sociales, tienen cada vez un nivel narrativo seductor más elevado, ajustado a lo que se espera escuchar de sus palabras. No obstante, desilusionados, si leemos entre líneas o escuchamos más allá de su cálida y envolvente voz, empezamos a atisbar que poco va a cambiar su política mediadora entre árabes y judíos en el conflicto palestino-israelí.

Así, tras el discurso de Obama en El Cairo, ha quedado en evidencia, como explica Noam Chomsky, el papel decisivo que ha jugado EE UU en el mantenimiento del actual conflicto, no proporcionando el presidente estadounidense ningún indicio de que ese papel vaya a cambiar, ni siquiera de que se vaya a reconsiderar, conservándose el rechazo sistemático a la solución del problema sobre los asentamientos en la franja de Gaza.

Y aún así ha mantenido la atención de millones de personas con frases que han apelado al espíritu conciliador, a la responsabilidad, al compromiso y al deseo de que «las personas de todos los países deberían ser libres de elegir y vivir su fe ya que la libertad religiosa es central para la capacidad de las personas de convivir». Grandes palabras que deberían corresponderse con grandes actuaciones que ayudasen a su fiel consecución.

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Y hablando de convivencia, curiosamente, en ese mismo discurso afirmó que «el Islam tiene una orgullosa tradición de tolerancia, algo que vemos en la historia de Andalucía y Córdoba durante la Inquisición. Es el ejemplo de Al-Ándalus. Ese es el espíritu que necesitamos hoy». Con estas palabras no sólo nos usó como ejemplo de convivencia a seguir por palestinos e israelíes (árabes y judíos en general), sino que nos puso de nuevo en el punto de mira de los países islámicos como referente de lo que un día, hace siglos, perteneció al orbe árabe aún cuando existieran comunidades cristianas y hebreas compartiendo una misma geografía (aunque todavía sin Inquisición).

Estas palabras del presidente de Estados Unidos deberían tener la consiguiente respuesta para insistir que en Al-Andalus convivían andaluces que profesaban las tres religiones del Libro, que estuvieron sujetos, en períodos concretos de su historia, a la dominación de familias procedentes del norte de África como también lo estuvieron de otras cuyo origen eran los países francos de norte, o antes los romanos. Pero no abundaré en este argumento pues precisamente queremos celebrar el Milenio de la constitución del Reino de Granada a partir de que los Ziríes (pertenecientes a los banu Sinhaya, opuestos a sus coetáneos de los banu Zanata) liderasen el destino de Garnata al Yahud (la Granada de los judíos).

Ahora bien, aprovechemos la circunstancia de haber sido protagonistas y referentes dignos de ser mencionados por Obama (con sus errores historiográficos y todo) para reivindicar nuestro papel en la historia de Europa, no sólo como protagonistas de la construcción de una cultura catalizadora entre oriente y occidente sino como generadores de conocimiento ejemplar para las artes, la filosofía, la teología y las ciencias contemporáneas, tanto europeas como mediterráneas. Y hagámoslo no enfocando un período aislado y acotado entre los siglos VIII y XV, pues nos quedaríamos cortos en la visión integradora de una tierra cuyas fronteras han mudado con los siglos y con sus pobladores desde más allá de Tartessos, hasta construir una Andalucía, que fue España durante siglos, en la que han cabido todas las religiones y todas las visiones del universo. Desde invocar a la diosa Astarté para dar la bienvenida a la primavera, respetar las señales de la diosa hebrea Ashtoreth hasta peregrinar al Rocío para presentar las ofrendas a la Estrella de las Marismas, hemos observado las transiciones culturales y religiosas como un todo continuo que no puede ser disgregado sin que perdamos el sentido de nuestra propia identidad.

Por ello, flaco favor nos estaríamos haciendo si nos quedásemos en la anécdota de que el presidente americano nos ponga como ejemplo de convivencia, de tolerancia, si no reconociéramos nuestro papel en la Historia y no uniéramos esfuerzos para reclamar, al menos, que nuestras diferencias han sido, y son, la base de la igualdad que pretendemos, que practicamos y que, desde El Cairo, Obama propugna como ejemplo de concordia. En su caso para apuntar hacia lo que deben aspirar los países islámicos; en el nuestro para reivindicar que no es un asunto de religiones sino de la condición humana y sus ambiciones conseguir mirar al prójimo como igual aceptando sus desigualdades.

En el 2013 tendremos la oportunidad de mostrar, además de lo que fueron mil años de historia del reino de Granada, no el paradigma o la imagen de lo que creemos fue ese período sino la responsabilidad de haber aprendido de él y de comprometer nuestro futuro hacia una sociedad donde el sentido humanista lo impregne todo, donde el desarrollo sea la consecuencia y no la excusa, donde la igualdad no sea reclamada porque sea una práctica individual diaria, donde la cultura no sea patrimonio de unos cuantos sino una expresión de todos y donde no haya que estar mirando al pasado para sentir el orgullo de pertenencia a lo que nos precedió sino para seguir construyendo sobre él las bases de un mañana que no será nuestro, empero sí será nuestra responsabilidad lo que en él ocurra.

Por cierto, mientras que Córdoba o Málaga tendrán la oportunidad en 2016 de ser Capital Europea de la Cultura junto a otra ciudad polaca, de lo cual hay que congratularse, en Granada no hacemos nada para hacer coincidir el 2013 con ese evento aún cuando ya estén nominadas para ese año Marsella y Kolisce. Y tampoco nos movemos para, al menos, organizar el Mes Cultural Europeo. Quizá debiéramos contratar a Obama (o a su equipo asesor).

Fuente: Ideal

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