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México: Marketing electoral

In ARTÍCULOS Y MÁS, MÉXICO on julio 5, 2009 at 1:32 am
Por Juan José Arreola

Contándolos desde este sábado 27 de junio, quedan nueve días para que definamos, como ciudadanos si vamos a votar o no este 5 de julio; si la respuesta es sí, entonces tendremos que determinar por qué o por quién lo haremos.

En otros tiempos era cosa fácil pero hoy, el grave problema que enfrentamos con nuestros candidatos es que no nos han ofrecido propuestas precisas, programas de gobierno puntuales o, por lo menos, documentos que hayan firmado comprometiéndose a cumplir tal o cual promesa.

Es más, me atrevo a decir que en lo poco que les hemos escuchado de sus discursos político-electorales, las diferencias entre los siete aspirantes a gobernar queretano, son mínimas.

Vaya, no existe en las propuestas alguna diferencia ideológica o programática y en consecuencia, no tenemos elementos para diferenciar a uno de los otros, hablando -reitero- del ámbito ideológico.

Si esto es real o, mejor aún, si usted coincide con esta visión, entonces tenemos que hacernos -juntos- la pregunta: ¿Bajo qué criterio emitiremos nuestro voto?

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Carita mata rollero
Desde aquel famoso: “¡hoy, hoy, hoy!” de Vicente Fox Quesada, que de ser un símbolo de intolerancia se convirtió en un grito de lucha, las campañas electorales han sido arrastradas paulatinamente por el llamado marketing político, que no es otra cosa que convertir o manejar a los candidatos como mercancías.

Por consecuencia, las campañas electorales poco a poco han dejado de promover propuestas de gobierno o de alguna ideología, y en su lugar se ha optado por promover personas y más aún, diríamos que se promueve la imagen de las personas.

Por eso es que el contenido de las campañas electorales tiene mucho más que ver con asuntos como el carisma del candidato, con argumentos simplones, o con discusiones banales.

Derivado de esta dinámica es que en segundo o en tercer plano, ha quedado la propuesta política, pues de lo que se trata es que el electorado acuda a las urnas y tome la decisión de por quién votar, con base en sentimientos o sensaciones y no con sustento en la evaluación de las propuestas de gobierno.

Así las cosas, cuando algún candidato se acerca al planteamiento real de una propuesta de gobierno ante la ciudadanía, sale a relucir su “capacidad” para lograrlo; esto es, la discusión se concentra en su carisma y en cómo él logrará solucionar la problemática.

Reducida a su mínima expresión la propuesta política, y sobredimensionada la personalidad de los candidatos o de las candidatas, las contiendas electorales cada vez son más reñidas pero con escaso o nulo debate o confrontación de las ideas políticas o las propuestas de gobierno.

La disputa por los votos se concentra en las características carismáticas de los candidatos, procurando seguir casi siempre las pautas del mercado político.

Por eso es que ahora los electores queretanos estamos ante la disyuntiva de votar por quien nos pide, como un acto de fe, creer en él o por el que promete que irá por más aún cuando nos quede la duda de que es ese más y para quien es.

En el ámbito del municipio de Querétaro las cosas son muy parecidas.

Un candidato repite exactamente lo que ha planteado su compañero de partido que aspira a ser gobernador: vamos por más, que en cualquiera de los dos niveles es una frase hueca.

Pero no nos quedemos ahí. Otro de los aspirantes simplemente nos dice que quiere más a Querétaro que a nuestro voto o que quiere tanto a su hijo y a su esposa como quiere a la ciudad.

Hay un tercer candidato a presidente municipal cuyo lema de campaña es: “garantía de confianza”, que más parece slogan de una caja de ahorro o de un centro bancario, que de un político.

*Intrascendencias
Esta forma de hacer campaña va en detrimento de la democracia. Es un estilo que en lugar de hacernos planteamientos ideológicos o de gobierno, empuja a que estén repletas de información intrascendental, siendo de las cuestiones más importantes en la misma, por ejemplo, la vida personal (o lo privado), la imagen, el escándalo, las propuestas engañosas pero electoralmente atractivas, por encima de las denominadas políticas que permitían a los partidos ganar elecciones.

Por eso es que los candidatos -la mayoría- se han tomado fotografías con sus familias; por eso es que surgen quejas de todos los partidos políticos en contra de los candidatos de los adversarios, judicializándose la contienda.

Por eso es que los debates convocados y realizados, han sido dominados por los discursos cargados de slogan y propaganda por encima de las propuestas (que sí se han planteado pero en cantidad escasa y, regularmente, coincidentes entre los que buscan ocupar el cargo en disputa).

Por eso también es que los candidatos y las candidatas buscan ser “noticia” y por ende, estar en los medios de comunicación por encima de realizar “cara a cara” sus campañas.

Hemos llegado al extremo de que varios candidatos (as) se hayan quejado amargamente de no tener espacios en la prensa; de que solamente se le brinda a los candidatos con dinero y, peor aún, acusan de que se cobra por que salga su información.

Está clara la victimización de la que son objeto, también los candidatos, del marketing electoral.

*¿Qué hacer?
La iniciativa “si no hay compromiso no hay voto”, impulsada por el empresario del ámbito deportivo, Alejandro Martí, si bien es un primer paso, no es suficiente.

Su propuesta consiste en que este próximo cinco de julio, los mexicanos “sólo voten por aquellos candidatos que se comprometan por escrito y ante notario público a cumplir las demandas en materia de seguridad y libertades constitucionales”.

Y otra vez, en aras de conseguir votos, cualquier candidato se aventará a firmar ante notario, sus promesas de campaña.

El asunto aquí es caer en nuestro propio engaño: que estén notariados los compromisos no los obliga a cumplirlos; solamente es una constancia de que si dijeron lo que dijeron.

Mejor, ejerzamos, con toda la crudeza del mundo, el voto útil y el de castigo. El primero, para llevar al poder a los que queramos y el segundo, para sacar a los que no hayan hecho bien las cosas.

Ni modo. No habrá otra forma hasta en tanto se haga una reforma electoral que realmente le de el poder a la ciudadanía.
No hay de otra. Por ahora.

Fuente: Diario Rotativo de Querétaro

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