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México: Los 3,600 millones peor gastados de la historia

In MÉXICO on julio 13, 2009 at 2:41 am
Por Rafael Mendoza Toro

Las campañas electorales, se supone, son para orientar e informar a los ciudadanos, potenciales electores, sobre las bondades de su oferta política y sus candidatos, si se intenta hacerla positiva; o sobre los malos antecedentes, vicios personales, problemas legales y hasta familiares de los contendientes, si la tirada es por las campañas negativas. La recientemente concluida campaña electoral federal, según cuentas del IFE, recibió como recursos públicos para su financiamiento poco más de $3,600 millones de pesos, mismos que se debieron haber aplicado en todas las variantes de la campaña: del marketing político a las tortas y el transporte de acarreados. Dejando de momento de lado el dispendio que esta cantidad representa, analicemos en cambio su eficiencia: qué tanto lograron modificar la voluntad de los electores.

Usemos como punto de partida el arranque «formal» de las precampañas en el mes de febrero, aunque se reconozca que un político de verdad siempre está en campaña, hasta cuando apadrina una generación del kínder «Ternurita». En ese mes, considerado nuestro «punto basal» si revisamos las principales encuestas publicadas, el PRI recibía las mayores preferencias, con un rango que iba del 35 al 39% de los posibles votantes, seguido por el PAN con un rango de votación que iba del 26 al 30%, a unos 8 puntos abajo del primero; en tercer lugar se ubicaba el PRD dentro de lo que se llama su «nivel histórico» o sea del 16 al 19%, cerrando este grupo el Partido Verde con preferencias que iban del 3 al 5%. La predicción se complicaba a partir de este rango, pues las «preferencias» se confundían con el propio «margen de error» de las encuestas, por lo que algunas empresas sólo publicaban un 5% global para el resto de partidos, mientras unas pocas presumían su conocimiento apuntando un 2% al PT y 1% a Convergencia, dando ya por muerto al Socialdemócrata; incluso se mencionaba que el PANAL aunque no registraba preferencias podría recibir hasta un 3% pues sus promotores trabajan a «ras de suelo». Contra está situación de arranque, los partidos enfilaron sus campañas disponiendo de nuestra lana.

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El PRI, para empezar apostó por una campaña anodina, dizque propositiva destacando lo bueno que eran ellos gobernando como contraste con los tiempos actuales; no hubo esta vez el estridentismo de los comerciales de Alazraki para la campaña de Montiel, sino las más amables y maquilladas facies de lo menos peor del partido dirigiéndose al elector. El contraste lo dio la campaña del PAN, poniendo por delante a su mayor activo: la popularidad presidencial y orientando ésta hacia un terreno donde suponían había mayorías: la demanda por seguridad. Se presentaron entonces visiones maniqueas: o estabas con el presidente Calderón en su combate contra el crimen y consecuentemente votabas por el PAN o caías de lado de los malos, de los que propugnan por la impunidad. Si este mensaje ya era fuerte, se reforzaba con una abierta campaña negativa dirigida al PRI, acusando a sus gobiernos de haber prohijado al crimen organizado, mensajes que pusieron a su presidente Germán Martínez como protagonista de la campaña e indirectamente atrajeron la atención hacia la priísta Beatriz Paredes.

A su vez, el PRD decidió gastar los casi 500 millones recibidos en un intento de lavar su mala imagen como rijoso y violento y en contraste presentarse amable y propositivo; encargando esa descomunal tarea a una niña, Marianita, teniendo a Chucho Ortega como su patiño. Marianita hizo bien su trabajo, convirtiéndose de hecho en la revelación del 2009, pero las propuestas que debieron ser el centro de la campaña nunca pasaron de los lugares comunes y las consignas manidas que poco fueron recordadas. En nuevo contraste, los partiditos adquiridos por López Obrador, se lanzaron al cuello usando la imagen de su caudillo y una frase contundente: «estaríamos mejor con López Obrador», pretendiendo con eso capitalizar el creciente descontento por la crisis económica, terreno donde ni siquiera se intentaron defender el PAN y el gobierno; a esta campaña mediática, se debía agregar la tarea de «a pie» que desde hace tres años ha emprendido el Peje, visitando todos los municipios y construyendo su propia organización «ciudadana» como maquinaria de promoción electoral, tarea que ha insumido una desconocida cantidad de millones (nunca la transparencia ha sido el fuerte del Peje) y que presume cuenta con una estructura nacional y más de dos millones y medio de ciudadanos enlistados. Con esta conjunción PT y Convergencia solo podían esperar buenos resultados.

La campaña que fue ejemplar y debiera convertirse en materia de estudio de marketing fue la del Partido Verde, usando figuras «populares» del medio del espectáculo y enfocándose hacia consignas elementales pero validadas por una mayoría, apostó todo a los medios de comunicación masiva desestimando incluso las formas más tradicionales de comunicación política, como las pintas o los volantes que felizmente no se vieron de ese partido. A su modo el Socialdemócrata intentó una campaña similar con figuras de cierto reconocimiento, aunque apostando a las ideas de las minorías: la legalización de las drogas y del aborto, mismas que jugando en las cifras marginales podrían darle el 2% para conservar el registro.

Ya en plena campaña, los mensajes negativos del PAN parecían estar funcionando, el PRI estaba perdiendo intención de voto y cerrándose la brecha entre ambos partidos al punto que se empezó a especular sobre un PAN nuevamente como primera minoría en el Congreso; mientras a su vez el PRD se acercaba más al rango inferior y el Verde a su rango superior previsto. Ninguno de los otros se notaba en las encuestas. En plena especulación, pues no lo sabremos hasta que hayan nuevas encuestas, sugeriría que la campaña negativa del PAN perdió sustento ante el incendio de la guardería en Sonora, pues la actitud Calderón, titubeante y medrosa en lugar de contundente o hasta demagógica, minó la credibilidad del «compromiso contra el crimen».

Llegamos finalmente a los resultados: el PRI «venció» pero sólo obtuvo su rango inferior, perdiendo unos 3 puntos; el PAN prácticamente no se movió en porcentaje, mientras el PRD pierde seis puntos desfondándose incluso del rango inferior; en consecuencia los magros ganadores fueron el Verde con 3% más, PT y Convergencia con otro tanto para llegar a 6% y Nueva Alianza llevándose también un 3%. Haciendo un balance de «pérdidas y ganancias» el 10% de los votantes cambiaron su preferencia original, o sea fueron «impactados» por las campañas, al costo del 3,600 millones de pesos menos de 3.5 millones de votantes reflejaron este gasto cambiando de intención de voto; o sea más de mil pesos por cada uno ¿alguna otra idea para dilapidar el dinero público?

Fuente: Aguas Digital

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