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¿Políticos sin prensa crítica o políticos sin ideas?

In ARTÍCULOS Y MÁS, ESPAÑA on agosto 26, 2009 at 1:28 am
Decíamos en periodistas sin preguntas, que parte del conflicto políticos-prensa estaba en el propio modelo periodístico, que sólo era capaz de llevar a todo su público exclusivamente aquello que era impactante, maniqueo y breve hasta llegar a la escala propagandística.

Pero la otra orilla tampoco está exenta de responsabilidad. El juego de las declaraciones just in time, aunque estresante también tiene sus beneficios. La carga del debate se mueve de las propuestas y las ideas, a las ocurrencias, al ataque personal, a la apelación a la identidad de grupo –sobre todo esto-, al populismo, al victimismo, etc. Creando un juego donde los que no tienen ni ideas ni propuestas, tienen bastante más fácil la supervivencia. Basta con que vivan de lo personal y la confrontación, como los famosetes de la televisión.

Cosas como titulares, ideas fuerza, lemas, eslóganes, paradigmas, marcos referenciales, medias verdades, etc. Se adueñan de un espacio donde tendría que existir otra forma de comunicación política, basada en la crítica, en la inferencia de las propuestas, en el ensayo, etc. Que a base de poner cosas en la mesa para dejar que los demás las manipulen dialécticamente, se puedan conocer las contradicciones o los errores virtualmente –como permiten las palabras- antes de que la propia realidad nos golpee.

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Parece que el Estatut de Cataluña va a tener algún encuentro con el Constitucional. Parece que la cuestión del agua nunca se acabará. Parece que lo del nuevo modelo productivo se quedará en modelo y seguiremos tirando del ladrillo. Parece que nunca abandonaremos el vagón de cola de la educación en Europa. Etc. Gobierne quien gobierne. Pareceres que no se cierren o se cierran falsamente, porque detrás de ellos no se ha producido un debate de altura, que pueda prever los problemas más gordos. No cabe en ellos dar razones, porque hay que cerrar cuanto antes la pérdida de sangre –caída en la mediatizada valoración ciudadana- que es la continua bronca parlamentaria supone para los propios políticos.

Si existiera tal debate, los partidos nacionalistas hubieran contestado detenidamente que supondría la independencia respecto de España. Hubieran contestado dónde estaría su límite y donde sus intereses. Los socialistas se tendrían que haber definido entre el federalismo del café para todos, el federalismo leal, o el centralismo con –amplias- concesiones. El PP hubiera tenido que explicar si pactaría o no con nacionalistas en un futuro, si las políticas igualitaristas que defienden respecto de las comunidades las defienden también respecto de los ciudadanos o si es una hipocresía más de las suyas, si su postura sobre la cultura como esencia patria puede tenerse más allá de Madrid. Todo eso hubiera quedado sobre la mesa, todos habrían quedado en evidencia con sus verdades y limitaciones ante la ciudadanía, y habrían hecho un esfuerzo porque el Estatut no estuviera dando vueltas constitucionales pasado bastante tiempo después, sin responsabilidad de nadie. Digamos que a mayor –y mejor- debate, los textos legales serían más claros, estarían más definidos, y servirían para aplicarse como herramientas y no como armas.

No me cabe duda de que un mayor nivel de debate es difícil con la derecha que tenemos en España. Hace unos días acusando de espionaje ahora haciendo partidismo con la gripe A. Pero eso no es excusa. Si el modelo político que tenemos exige acción-reacción diaria, que se juegue, pero que no se deje de apostar por una política más racional y deliberativa.

Una política que ni es utópica ni es nueva. El PSOE casi desde su inicio se preocupó por escribir, debatir, comunicar, etc. En una época donde más importante que la deliberación era la organización, donde se revisaba y se censuraba por parte del Estado todo lo que olía a obrerismo o democracia de verdad, donde era especialmente caro hacer una tirada de El Socialista –pero que rara vez faltaba y escribir era una exigencia- donde la falta de formación se suplía con el hambre de conocimientos y la auto-enseñanza y el debate constante. Además, con el tiempo se practicaron coaliciones con diferentes partidos, se crearon formas nuevas de estado –la II República, el intento de plebiscito con el Pacto de San Juan de la Luz, o la Monarquía Parlamentaria actual- se organizó el exilio, etc. Acciones que requerían un constante debate de lo más explícito, con muchos artículos, muchas cartas, muchos encuentros, incluso muchos Congresos Extraordinarios. Tantas eran las ganas de las ideas, que en un momento dado cada tendencia socialista o cada objetivo concreto, tenía su propio medio –ej. Claridad o El Liberal de Bilbao-

Y ahora, en un mundo mucho más complejo, donde el conocimiento es cada vez más necesario, donde los políticos están –o debieran- estar más formados que nunca, donde hemos alcanzado un digno desarrollo democrático, con un largo etc. Resulta, que esa labor comunicativa, de explicación, de apelación exhaustiva, está menos presente que nunca. De vez en cuando alguna entrevista, algún político contertulio de la radio, casi inexistentes artículos en la prensa. Y casi siempre para responder a la actualidad, no para dictar los cauces del presente que tendrá que venir en los próximos meses o años, porque esa ya vendrá solito y de repente – en forma de crisis, de enfermedad, de conflicto laboral, etc-

Pero también cuidado con los cantos de sirena. Este debate, no se va a dar ni en las redes sociales ni en los teléfonos móviles. Estos como mucho harán la labor de transmisión. Rápida y repetitiva. Las buenas razones no saldrán nunca de un texto de ciento cuarenta caracteres. Ni las personas que están en las redes debaten salvo honrosas excepciones. La red propaga. Pero el contenido está en otro lado. Las críticas con sentido, donde se da y se está dispuesto a recibir, son de otro sitio.

Sitios más parecidos a los medios de comunicación, instituciones estables en el tiempo que tienen que dar cuenta de lo que dicen para mantener o mejorar su identidad ante su público. Sitios que se parecen a las instituciones académicas –especialmente las científicas- Sitios que se parecen a los consorcios empresariales, universitarios, estatales, buscando estándares para la industria, como el tcp-ip de internet. Sitios, muchos sitios, de los que coger buenos ejemplos para mejorar, aplicables internamente a los partidos, a las instituciones gobernadas, a la forma de relacionar políticos con la ciudadanía que representa, etc.

PS: La red –especialmente las redes sociales y los blogs. Sí puede servir para conectar a gente dispersa que está dispuesta a participar en proyectos deliberativos mayores. Pero poco más.

PS2: El Giro de Torrejón es un embrión –muy humilde y local- de algo parecido a lo que defiendo aquí. A un pequeño cosmos semántico de personas diferentes que gira ante problemas parecidos, donde cabe la crítica y donde cada uno se responsabiliza de lo que dice y propone.

PS3: A un buen político le gustan, le atraen los debates difíciles. Las críticas. En un sentido combativo porque le va la marcha y porque está convencido de su postura. En un sentido honesto, porque cuanto más duro le den, mejor material tendrá para hacer su postura más fuerte.

Fuente: Modo Explícito

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