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La editorial Ocean Sur presentó la antología América Latina hoy: ¿reforma o revolución?

In AMÉRICA LATINA, RECOMENDACIONES on septiembre 8, 2009 at 5:11 pm
La editorial Ocean Sur presentó la antología América Latina hoy: ¿reforma o revolución?, en la primer sesión plenaria del XV Encuentro del Foro de Sao Paulo, celebrado recientemente en la Ciudad de México.

En medio del confuso clima creado por el fin de la bipolaridad, fue acuñada la frase «búsqueda de alternativas». Para una parte de la izquierda política, esa noción sepultaba los conceptos de poder, revolución y socialismo.

Hoy, cuando fuerzas de izquierda y progresistas ejercen el gobierno nacional en la mayor parte de Latinoamérica, la tozuda realidad vuelve a plantear la necesidad de definir el rumbo en términos de gobierno y poder, reforma o revolución, y capitalismo o anticapitalismo.

Con el propósito de ofrecer a sus lectores diversas aproximaciones a esta problemática, la editorial Ocean Sur invitó a un grupo de politólogos y dirigentes políticos a reflexionar sobre el tema «América Latina hoy: ¿reforma o revolución?».

El mapa político de América Latina se redibujó casi por completo durante las últimas dos décadas. En una región donde, salvo excepciones, a lo largo de su historia republicana imperaron la dictadura y el autoritarismo, hace veinte años que la democracia burguesa funciona con estabilidad relativa. Esto no es, sin embargo, lo más notable del nuevo escenario político latinoamericano, sino que la izquierda, a la cual se le cerró siempre el acceso al gobierno, y que fue despojada de él cuando llegó a ejercerlo, como lo ejemplifica el derrocamiento de los gobiernos de Jacobo Arbenz en Guatemala y Salvador Allende en Chile, haya conquistado crecientes espacios institucionales, hasta llegar a ocupar los gobiernos nacionales de gran parte del subcontinente.

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El cambio de etapa histórica o cambio de época por el que atraviesa América Latina fue presentado, en sus inicios, por los grandes centros de poder como resultado de una abigarrada y confusa yuxtaposición de hechos y procesos: el derrumbe de la URSS y el campo socialista, la supuesta ruptura epistemológica con la historia anterior de la humanidad atribuida a la «globalización» y la «Revolución Científico Técnica», la avalancha universal del neoliberalismo, la imposición del «Nuevo Orden Mundial» —con la Guerra del Golfo y las intervenciones militares en Somalia y Panamá como cartas de presentación—, el cierre de la etapa de flujo y reflujo de la lucha armada abierta por el triunfo de la Revolución Cubana, la derrota de la Revolución Popular Sandinista, y el restablecimiento de la democracia burguesa en los últimos países aún gobernados por dictaduras: Paraguay y Chile. Por supuesto que estos no eran hechos y procesos yuxtapuestos, sino expresiones concatenadas de la reestructuración del sistema imperialista de dominación mundial ocurrido a raíz del fin de la bipolaridad.

Como el imperialismo norteamericano «abjuraba» de las dictaduras militares —que ya habían cumplido su objetivo de crear a sangre y fuego las condiciones para la reestructuración neoliberal— y priorizaba la utilización de nuevos mecanismos de dominación supranacional —que aparentaban ser menos intervencionistas—, una parte de la izquierda latinoamericana creyó que se abría en la región una era «poscomunista» de capitalismo democrático y redistributivo, semejante al de la Europa Occidental de la posguerra, en la cual el gobierno «le caería en los brazos». No obstante, lo que siguió fue un proceso de concentración de la riqueza y ampliación de la exclusión social, de intensidad y alcances sin precedentes, que incluyó la implantación de su correspondiente «democracia neoliberal», concebida como la alternancia en el gobierno solo de figuras y fuerzas políticas neoliberales.

En medio del confuso clima creado por la imagen de omnipotencia que el imperialismo proyectaba de sí y del derrumbe del paradigma socialista que se consideraba predestinado a resolver los problemas de la humanidad, fue acuñada la frase «búsqueda de alternativas». Para las corrientes entonces predominantes en la izquierda política, esa difusa noción sepultaba los conceptos de poder, revolución y socialismo, que supuestamente se habían derrumbado junto con el «socialismo real», mientras que para las corrientes predominantes en la izquierda social, también habría sucumbido la razón de ser de la izquierda política.

Con el impulso a la sazón incontenible que el fin de la bipolaridad le imprime al proceso de reforma y reestructuración neoliberal iniciado en las postrimerías de la década de 1970, sus consecuencias económicas, políticas y sociales no se hicieron esperar. En la segunda mitad de los años ochenta, nuevos partidos, movimientos y coaliciones de izquierda, caracterizados por la unidad dentro de la diversidad, empezaban a conquistar espacios institucionales mediante la lucha político-electoral, a contracorriente de las tendencias de la democracia neoliberal. Símbolos de la nueva época son la elección presidencial mexicana de 1988, en la que Cuauhtémoc Cárdenas, candidato del Frente Democrático Nacional, fue despojado del triunfo, y la elección presidencial brasileña de 1989, en la que el candidato del Partido de los Trabajadores y el frente Brasil Popular, Luiz Inácio Lula da Silva, tuvo un desempeño sin precedentes, al margen de que no llegara a alzarse con la victoria.

Aunque la nueva época nace determinada por la avalancha universal del neoliberalismo, ya en su seno se incubaba la simiente de la resistencia. Los primeros años de la década de 1990 eran años de ilusión, cuando muchos creían que la elección de la izquierda al gobierno conduciría, de manera semiautomática, no solo a la satisfacción de las reivindicaciones socioeconómicas tradicionales, sino también de las nuevas reivindicaciones enarboladas por las mujeres, los jóvenes, los ancianos, los indígenas, los afrodescendientes, los ambientalistas, los defensores de la diversidad sexual, y otros grupos que han adquirido visibilidad y protagonismo social. Sin embargo, pese a que la crisis financiera mexicana de diciembre de 1994 y otros hechos similares destruyeron los mitos del «efecto de derrame» con que el neoliberalismo logró «robarle tiempo» a los pueblos, aún conservaba la capacidad de infundir miedo sobre las «consecuencias negativas» que acarrearía la elección de gobiernos no-neoliberales.

Pero, el rechazo venció al miedo y los pueblos comenzaron a ejercer el voto a favor de figuras y fuerzas políticas que prometían llevar a la práctica «las alternativas». En algunos países, como Venezuela, Bolivia y Ecuador, el colapso o el debilitamiento extremo de la institucionalidad neoliberal, condujo al gobierno a líderes que capitalizaron el descontento de la ciudadanía, pese a no contar de inicio con fuertes partidos de izquierda. En otros, como Brasil y Uruguay, fue el acumulado organizativo y político de la izquierda el que llevó a sus candidatos a la presidencia. A ellos se suman situaciones, como las de Argentina y Honduras, donde a falta de candidatos presidenciales provenientes de los sectores populares emergen figuras progresistas de los partidos tradicionales.

A más de 10 años de la primera elección de un gobierno nacional de la izquierda latinoamericana ocurrida en la etapa abierta a raíz del fin de la bipolaridad —la celebrada en Venezuela en diciembre de 1998— y a pocos meses de la más reciente —la efectuada en El Salvador en marzo de 2009—, la tozuda realidad vuelve a plantearle a esa izquierda la necesidad ineludible de definir su rumbo estratégico en términos de gobierno y poder, reforma o revolución, y capitalismo o anticapitalismo.

Con el propósito de ofrecer a sus lectores diversas aproximaciones a esta problemática, la editorial Ocean Sur, invitó a un grupo de politólogos y dirigentes políticos a reflexionar sobre el tema «América Latina hoy: ¿reforma o revolución?». Estos puntos de vista se agrupan en el presente volumen de la colección Contexto Latinoamericano.

Fuente: Rebelión

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