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El modelo Bachelet

In AMÉRICA LATINA, CHILE on septiembre 21, 2009 at 1:15 pm
Cuando fue elegida como Presidenta de Chile en enero de 2006, Michelle Bachelet prometió ser un tipo diferente de político. Pediatra, madre de tres hijos y separada dos veces, fue la primera mujer en ser elegida Mandataria en un país de América Latina y que no era la viuda de un marido insigne. Prometió una “democracia ciudadana” con una mayor participación. Su primer gabinete se eligió de acuerdo tanto al género como al partido: la mitad de sus miembros eran mujeres, varias eran independientes y sólo dos tenían experiencia ministerial previa.

Ella rápidamente se metió en problemas, que abarcaron desde las protestas de los escolares hasta el caos del transporte en Santiago. Hace un año, su coalición, la Concertación, perdió las elecciones municipales, su primera derrota. No puede presentarse a las próximas elecciones presidenciales; sin embargo, si la Concertación gana, será en parte gracias a ella. Se ha convertido en uno de los líderes políticos más formidables de América Latina. Cuando The Economist fue a verla a La Moneda, el palacio presidencial, se mostró relajada y sin prisa, interesada en responder las preguntas extensamente más bien que con breves declaraciones.

¿Qué explica su cambio de suerte política? Su método consultivo de liderazgo puede haber parecido una “debilidad” a los tradicionalistas, en parte porque “las mujeres hablan con más suavidad”, ella reconoce. “Aún hay mucho machismo y sexismo”. Pero los chilenos han llegado a ver que ella “muestra empatía”, que es como una figura maternal que los está protegiendo y quien había estado “al mando” cuando atacó la recesión, agrega. En la práctica, no obstante, se ha visto obligada a realizar ciertas concesiones, al traer a algunos peso pesados políticos al gabinete y al delegar más.

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Una segunda razón es que, mientras se aferraba al rigor fiscal (con cierto costo político), ella optó por hacer de la protección social y la promoción de una igualdad de oportunidades su prioridad principal. Su gobierno está construyendo 3.500 salas cuna para los niños más pobres. Introdujo una pensión estatal mínima universal y extendió la atención de salud gratuita para que cubriera varias condiciones graves. Su política habitacional ofrece casas de mejor calidad, en barrios modelo. Pero sus esfuerzos por reorganizar la educación han sido decepcionantemente tímidos.

Tomará tiempo y estudios antes de saber si estos programas funcionan. Sin duda, pasó un tiempo antes de que éstos dejaran su marca en Chile; “una sala cuna no es sexy”, manifiesta Bachelet. Pero equivale a uno de los intentos de más largo alcance por combinar el crecimiento económico y un estado benefactor en América Latina. Eso es una crítica tácita al argumento de Hugo Chávez que sólo su revolución puede abordar la desigualdad en la región. Y esto sugiere que la carrera política de Bachelet está lejos de terminar.

Fuente: The Economist

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