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Obama multiplica su presencia en programas de televisión para vender la reforma sanitaria

In OBAMA on septiembre 21, 2009 at 4:15 am
El presidente de Estados Unidos será entrevistado en cinco cadenas, entre ellas la hispana Univisión, y mañana acudirá al popular programa nocturno de humor de David Letterman.

Por Marc Bassets

Barack Obama, enfrascado en una reforma sanitaria que ha erosionado su popularidad y está dividiendo al país, desplegará hoy una actividad mediática inusual. El presidente de Estados Unidos será entrevistado en cinco cadenas de televisión, entre ellas la hispana Univisión. Y mañana acudirá al popular programa nocturno de humor de David Letterman.

La decisión de invadir las ondas responde a una calculada estrategia de sus asesores en la Casa Blanca, convencidos de que multiplicar la presencia de Obama es la mejor manera de comunicar su mensaje a los ciudadanos. Es una estrategia innovadora, que revoluciona algunas prácticas habituales en la comunicación política, pero también incierta. Con la presencia mediática permanente, el presidente corre el riesgo de sobreexponerse, de fatigar a sus votantes y de devaluar su figura.

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La ofensiva televisiva lleva al paroxismo lo que ha sido una tónica desde que en enero Obama llegó a la Casa Blanca. Ningún presidente había dado tantas entrevistas en tan poco tiempo.

Periódicos, radios y televisiones le han entrevistado 117 veces, según Mark Knoller, corresponsal de la cadena CBS en la Casa Blanca. Es decir, casi tres veces más que su antecesor, George W. Bush, durante el mismo periodo. A esto hay que sumar cuatro ruedas de prensa en horario de máxima audiencia, las mismas que dio Bush en ocho años, y múltiples conexiones en directo con mítines y discursos del presidente.

Que Obama –su oratoria, su físico, su biografía, la ilusión que ha despertado– es una marca y que esta marca vende está fuera de duda. El problema es la trivialización. Uno de los ataques que más dolieron al actual presidente durante la pasada campaña electoral fue el que le calificaba de celebridad y lo comparaba con Britney Spears y Paris Hilton.

“Lo que preocupa es que todo esto haya ido más allá de la sobreexposición y que ahora tengamos lo que yo llamo la omnipresencia de Obama”, decía en la cadena ABC, en vísperas del domingo televisivo, el estratega republicano Kevin Madden.

“Es casi imposible escapar al presidente. No ocurre sólo en las cadenas de noticias por cable. Si pones la ESPN (una cadena de deportes), sale hablando de baloncesto, y si pones la cadena Lifetime, están hablando de la ropa que Michelle Obama llevaba esta semana. Y creo que esto empieza a poner nerviosas a muchas personas”, añadió Madden.

Los asesores del presidente están convencidos de que la sobreexposición es la única manera de convencer a una masa crítica de ciudadanos en un paisaje mediático fragmentado y sin medios hegemónicos.

En Estados Unidos, la existencia de instituciones periodísticas que definan la opinión pública es cosa del pasado. Es difícil imaginar hoy una figura como la del influyente Walter Cronkite, fallecido este verano. Cuando Cronkite dijo en el telediario que era imposible ganar la guerra del Vietnam, el presidente Lyndon B. Johnson confesó que había perdido al estadounidense medio.

Las ediciones en papel de The New York Times o The Washington Post han perdido influencia a la hora de marcar la agenda. El aluvión de informaciones minuto a minuto –en televisión, en la radio o en internet– ha acabado con el ciclo informativo tradicional de 24 horas. Ahora no existe Cronkite al que el presidente pueda conceder una entrevista y llegar así a la mayoría del país. En la era de la televisión por cable, de los blogs y de Youtube, hay decenas de Cronkites, cada uno adaptado a un público específico. “

Creo que es importante que el presidente siga hablando con varios públicos de modo que alcance el máximo de personas posible para hablar de los beneficios de la reforma sanitaria”, dijo el viernes, en la rueda de prensa diaria, Robert Gibbs, el portavoz de la Casa Blanca.

Gibbs remachó: “La gente obtiene las noticias de lugares tan distintos y de medios tan distintos que el presidente deberá acostumbrarse a comunicar a través de esta fragmentación”.

Cuando Obama llegó al poder, algunos comentaristas predijeron que usaría internet –fundamental en su campaña electoral– para alcanzar a sus electores sin el tamiz de los medios de comunicación tradicionales. Y lo cierto es que el presidente se salta a los medios tradicionales en los mensajes semanales por internet, o con las fotografías propagandísticas realizadas por empleados de la Casa Blanca y no por fotógrafos independientes.

Pero la presencia, hoy, en cinco cadenas de televisión, y mañana en el programa de David Letterman, evidencia que la estrategia comunicativa de Obama pasa por los medios tradiciones. En Estados Unidos, no hay nada más tradicional que los programas políticos dominicales.

En realidad, no es internet lo que convierte a Obama en un presidente innovador, sino su capacidad para usar la nueva paleta de medios de comunicación, incluido internet, pero también los programas de toda la vida.

“Es casi un tópico decir Obama es el presidente de los nuevos medios –escribía, hace unas semanas, la periodista Jennifer Senior en la revista New York–. Pero no lo es sólo por su uso ágil de Facebook y Twitter, sino porque es el primer presidente que ha entendido las posibilidades del paisaje mediático actual, altamente veloz, denso y variado”.

Fuente: La Vanguardia

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