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Zelaya y la locura chavista

In AMÉRICA LATINA, HONDURAS, VENEZUELA on septiembre 30, 2009 at 3:24 pm
Por Nicolás Águila

Hugo Chávez ha contagiado a unos cuantos con su locura. Pero el caso más patético de ese contagio psiquiátrico sin duda fue la súbita conversión al chavismo de Manuel ‘Mel’ Zelaya, el oligarca hondureño y presidente casi sesentón que dejó a todo el mundo boquiabierto el día que dio un giro de 180º a la izquierda chavista.

Manuel Zelaya fue siempre de la derecha más extremosa. De la derechona más a la derecha dentro del ala más conservadora del Partido Liberal hondureño. Un derechoso con olor a cojón de oso que de buenas a primeras se maquilló de izquierdoso y adoptó un discurso rabioso, bolivariano y cagalitroso.

El Comandante Vaquero –así le llama cariñosamente Chávez a su aventajado discípulo hondureño—comprendió a los 55 años las numerosas ventajas que tiene esa nueva modalidad de dictadura conocida como socialismo del siglo XXI, tan eficaz y tan fácil de implantar. Cuando se da cuenta de que la constitución le aprieta y las leyes le dan calor, entonces se dispone a quitarse la constitución de encima como si fuera una camisa vieja y ajustada, para entonces hacerse otra a su medida, con plenos poderes para el Ejecutivo y la potestad de reelegirse ad líbitum y ad infinítum.

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La locura chavista se ha vuelto contagiosa y transitiva como la gripe A que se propaga por toda la Argentina. El primer signo de contagio fue ver a Zelaya dejar en la estacada a sus correligionarios liberales y meterse a socialista en la cuerda chavista y castrista, albista y neopopulista, mitad comunista y mitad fascista, es decir, cien por cien oportunista.Y, naturalmente, perdió el apoyo de su partido y de sus votantes. Por la atracción fatal hacia el tiranuelo venezolano, se quedó con un 25 por ciento escaso de popularidad, según los sondeos más generosos, en un país donde prima un nacionalismo desconfiado, muy centroamericano y futbolístico.

Después Zelaya se arrebató por completo y le dio por celebrar a la cañona un referéndum para sondear al electorado sobre la factibilidad de una ‘cuarta urna’; o sea, quería someter a votación la idea sociolista de poder reelegirse indefinidamente como presidente vitalicio, al más puro estilo castro-papista.

–Pero eso, Mel, es algo que la constitución hondureña prohíbe taxativamente en sus artículos 4 y 239. Así que de eso nada; y de lo otro, ni te lo laves — lo previno el Congreso, lo desautorizó la Corte Suprema y se lo prohibió expresamente el Tribunal Electoral.

–Yo soy el Comandante Vaquero y voy a celebrar ese referendo por mis revolucionarios cojones – replicó Zelaya tocándose los huevos con una mano y con la otra acomodándose el sombrero Stetson de rico hacendado que va por el mundo dando la brava.

Y se fue arropado por una turba radical y entró por la fuerza en la base aérea adonde habían llegado las boletas de votación procedentes de Venezuela. Sí señor, de la Venezuela chavista y bolivariana, donde fueron impresas las papeletas bajo la supervisión directa de Chávez. Qué cosa tan bananera y tan lesiva a la soberanía de un Estado pequeño y pobre, pero muy orgulloso de su independencia frente al neoimperialismo chavista.

¿Por qué Chávez tenía que imprimir y mandar las boletas para votar en un país soberano y para más inri en una consulta declarada ilegal por los poderes legislativo y judicial, amén de otras instituciones? ¿Quién podía darle vela en ese entierro al injerencismo del Gorila Rojo, como no fuera un presidente títere y entreguista? ¿Aceptaría usted como algo normal que Berlusconi enviara a España las boletas para un plebiscito nacional y además prohibido por la ley española?

El antes citado artículo 4 de la constitución de Honduras establece que la alternancia presidencial es obligatoria. Y añade taxativamente: “La infracción de esta norma constituye delito de traición a la patria.”

Traición a la patria, Mel, eso es muy grave. ¿Tú no te habías leído la constitución antes de jurar que ibas a respetarla y defenderla cuando tomaste posesión de la presidencia?

Todo el mundo conoce el resto de la historia que condujo a la presente crisis hondureña. El Congreso emitió una orden de arresto contra Manuel Zelaya y encargó al general Romeo Vázquez su detención manu militari. Lo sacaron de la cama por la madrugada y, en vez de meterlo preso, lo montaron en pijama en un avión con rumbo a Costa Rica. Los militares realmente no fueron muy corteses con el primer magistrado. Antes de sacarlo del país, al menos debieron vestirlo con un traje de $5000, como a él le gustan, para no herir su dignidad ex presidencial.

Hay muchos que piensan que lo indicado era haberlo sometido a un impeachment en el Congreso, pero yo que conozco el paño chavista me temo que, si bien hubiera sido la actuación más correcta, habría sido la peor solución con Chávez accionando todos los hilos del avispero izquierdista. Lo más conveniente era cortar por lo sano: no perder tiempo, dar el madrugonazo y alejar del país al aspirante a dictador.

¿Fue un golpe de Estado? Para mí que el verdadero golpe era el que estaban fraguando Chávez y Zelaya por la vía del referendo. La deposición intempestiva de Zelaya, en todo caso, fue un golpe democrático autorizado por el Congreso y la Corte Suprema. Los militares sólo han actuado bajo órdenes civiles y como garantes de la Constitución, para enseguida retirarse a los cuarteles. Basta con ver la reacción de los liberticidas de ALBA para concluir que todo ha sido una restauración democrática. Un contragolpe muy bien dado.

Fuente: Baracutey Cubano

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