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El acceso directo al público

In ARTÍCULOS Y MÁS, OBAMA on octubre 5, 2009 at 7:23 pm

Por Xavier Peytibi

Para Nixon, tal como escribió en sus memorias, los presidentes postmodernos “deben ser maestros en el arte de manipular los medios de comunicación, no solo para ganar las elecciones sino para llevar a cabo su política y apoyar las causas en las que creen. Al mismo tiempo, a toda costa, hay que evitar que se les acuse de manipularlos”. Para una imagen postmoderna, la imagen debe primar sobre el sentido.

En el período Nixon, como indica Christian Salmon, la multiplicación de los medios de comunicación, el crecimiento del número de periodistas acreditados y la internacionalización de la cobertura mediática erosionaron la relación íntima entre el poder y la prensa. La televisión abrió un acceso directo al público gracias a los avances tecnológicos (satélites de comunicaciones), aumentando el acceso a la información inmediata para todo el país. Al mismo tiempo, la presidencia Nixon veía como las injerencias de la prensa organizaban pequeños “incendios” diarios que minaban la buena prensa del presidente.

Es por ello que Richard Nixon creó la White House Office of Communications, que ha pervivido hasta la actualidad, y se rodeó de una nube de asesores de comunicación (entre ellos William Safire y David Gergen), para intentar esquivar un poco a la prensa de Washington y, con sus mensajes a través de la televisión, intentar llegar directamente a los ciudadanos estadounidenses. Su objetivo es controlar la agenda, y evitar que la controle la prensa. Con el Watergate se demuestra quien ganó la batalla, y como nació el cuarto poder.

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En presidencias posteriores, el poder de la prensa se fue incrementando, y no fue hasta Reagan que, con sus mensajes televisivos y el marketing político de masas llegaba a toda la población estadounidense. Cada día se elaboraba la “line of the day”, el mensaje o historia diaria que había que llevar a través de mensajes desde la Casa Blanca hasta el público, a través de la prensa y de la televisión. Se preparaban las frases y los escenarios, las imágenes y las apariciones televisivas, que Reagan, como buen actor, interpretaba a la perfección. En posteriores elecciones, el poder de la prensa fue variable, incrementándose o diluyéndose en sucesivos años, e incrementando su politización.

En cualquier parte del mundo, la prensa es el paso intermedio entre los políticos y la ciudadanía, por sus opiniones o por sus filtros. Los mensajes directos político-población son posibles a través de la televisión o la radio, pero no es posible hacerlo todos los días. La relación personal con los votantes tampoco es demasiado plausible, a pesar de salir a la calle y saludar e interactuar. El mensaje no llega directamente.

Con la llegada de Internet, las cosas pueden cambiar, por primera vez existe una manera de ponerse en contacto directo y rápido con la ciudadanía. Obama lo entendió, con constantes envíos de mails y de mensajes a los móviles a todos aquellos que lo deseaban. Es la comunicación directa, sin intermediarios.

Parece poca cosa, pero es una revolución. Puede existir, en cierto modo, el antiguo ágora griego. No necesitamos a los medios para informarnos (o que los políticos nos informen) de sus actividades. Siempre necesitaremos sus opiniones y sus análisis, pero por primera vez podemos recibir mensajes directos de la clase política. Aparece según algunos teóricos, el quinto poder, como dijo Ignacio Ramonet: “la red como superación de los medios de comunicación tradicionales, y las posibilidades de organización social en red, serían el quinto poder -en especial la Blogosfera-, que en este caso escaparía a su ejercicio por parte del Estado y de los medios de comunicación masivos privados tradicionales y sería ejercido por la sociedad por sí misma”.

Eso sí, siempre que los políticos quieran hacerlo. Hay muchos que no entienden que la ciudadanía, en estos tiempos y en este contexto, nos hemos acostumbrado a participar, dialogar, compartir e idear conocimiento, a relacionarnos por la red a través de múltiples herramientas. En un contexto así, los políticos deben participar de la conversación o quedarán fuera, alejados de la ciudadanía y de la opinión pública.

Como indicaba Enrique Dans, hay dos miedos (o miedo a críticas) principales que explican que muchos políticos no conversen y no se impliquen en acercarse a la gente: “El político está demasiado ocupado para dedicarse a estas cosas” y “Lo que tiene que hacer es gobernar y dejarse de estas cosas”. La pregunta sería, ¿de verdad es falta de tiempo o falta de prioridades? ¿Votaré a un político que me dice que entre sus prioridades no está el comunicarse directamente con sus electores? ¿De verdad supone una mala asignación de prioridades que un político dedique tiempo a escribir (posts o frases cortas en Twitter o Facebook) para que los ciudadanos lo lean?

Fuente: e-Xaps

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