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¿Un futuro olímpico?

In BRASIL, DEMÁS PAISES, ESPAÑA on octubre 6, 2009 at 12:50 pm
Por Manuel Conthe

Cuando un grupo tiene que elegir entre dos alternativas, el método de elección por mayoría es eficaz: salvo que los votantes difieran profundamente en la intensidad de sus preferencias –por ejemplo, porque a algunos la decisión les afecte personalmente mucho más que a otros–, la alternativa ganadora tendrá un apoyo social mayoritario y será la más beneficiosa para la comunidad.

Pero las cosas se complican cuando la elección versa sobre tres o más candidatos: está demostrado que en tal caso no habrá ningún método de elección que sea perfecto. Ahora bien, eso no quiere decir que todos los métodos de elección sean iguales: algunos resultarán preferibles a otros, especialmente si reflejan con mayor fidelidad las preferencias de los votantes sobre el conjunto de alternativas en liza.

Método de pluralidad
Para ilustrar la afirmación anterior consideremos los resultados de la votación del pasado viernes del Comité Olímpico Internacional (COI) sobre la sede de los Juegos Olímpicos de 2016, en la que Río de Janeiro triunfó frente a Madrid en la tercera y última votación.

Según la información difundida por el COI una vez concluidas las votaciones -luego veremos los motivos de ese retraso-, los resultados de las tres sucesivas rondas fueron los siguientes:

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1ª Ronda 2ª Ronda 3ª Ronda
Río 26 46 66
Madrid 28 29 32
Tokio 22 20 –
Chicago 18 – –

Así pues, cuando en la primera ronda los votantes indicaron su ciudad predilecta, Madrid fue la que obtuvo más votos: habría sido elegida si el sistema de elección hubiera terminado ahí, tras una sola vuelta. Ese método de votación, en el que gana quien obtiene más votos de entre todos los candidatos en una única votación, se conoce como sistema de “mayoría relativa” o “pluralidad” (plurality voting o first past the post).

Constituye la base del sistema electoral británico –en el que cada circunscripción electoral se disputa un único escaño, que va a parar al candidato que saca más votos–, se usa también en Estados Unidos en casi todas las elecciones, incluidas las presidenciales; y es, en fin, utilizado por la Academia de Hollywood en la fase final de reparto de los Oscar.

Ese método tiene graves inconvenientes, porque considera sólo la primera preferencia de los votantes e ignora sus gustos respecto a los restantes candidatos. Por eso, puede dar la victoria a un candidato que, apoyado por una poderosa minoría, no suscite entusiasmo en la mayoría (o incluso resulte odiado por cuantos no le votan).

Además, otorga gran influencia a aquellos candidatos que no tienen posibilidades de ganar, pero que dividen el sufragio de votantes afines y restan votos al candidato que, en su ausencia, habría triunfado frente a su rival.

En Estados Unidos, ese papel de “aguafiestas” (spoiler), “títere estratégico” (strategic dummy), “perro del hortelano” o, por utilizar una tradicional expresión peyorativa, “tonto útil” lo jugó en 1992 Ross Perot, un candidato que dividió el voto republicano en perjuicio de Bush padre y dio la victoria a Clinton; en las elecciones del 2000 fue, por el contrario, el teóricamente progresista Ralph Nader quien, al restarle votos a Al Gore, facilitó la victoria de Bush hijo. En las votaciones del COI el viernes pasado en Copenhague, si se hubiera utilizado el método de mayoría relativa, Chicago habría sido la candidatura perdedora que le habría aguado probablemente la fiesta a los cariocas, en beneficio de Madrid.

Voto preferencial
Para obviar los problemas del método de mayoría relativa, en Francia y en las elecciones presidenciales de muchos otros países (entre ellos, Brasil y otros países de América Latina) cuando ningún candidato consigue mayoría absoluta en la primera vuelta los dos candidatos mejor colocados desempatan en una segunda vuelta (ballotage o run-off).

Ese método, al limitarse a dos vueltas –cosa comprensible en grandes elecciones, para evitar sucesivas convocatorias y gastos– resulta también imperfecto, como comprobó en propio carne el socialista Lionel Jospin en la primera vuelta de las elecciones francesas de 2002, cuando el ultraderechista Jean-Marie Le Pen le arrebató el segundo puesto por unas décimas, para luego ser derrotado estrepitosamente por Jacques Chirac, a quien probablemente Jospin podría haber derrotado.

Por eso, lo ideal es que no haya sólo dos rondas, sino todas las necesarias para que, tras descartar en cada una a un candidato, quede el número deseado de candidatos. Ese método de elección se conoce habitualmente como “método de Hare”, en recuerdo del abogado inglés que lo ideó en la segunda mitad del siglo XIX, y admite muchas y complejas variantes cuando, como ocurre en países con sistemas de representación proporcional y circunscripciones con varios escaños a cubrir (esto es, pluri-nominales), se trata de seleccionar varios candidatos.

El método de Hare resulta mucho más sencillo cuando se trata de elegir a un único candidato. Para ello se puede pedir a los votantes que indiquen en una única papeleta el orden de preferencias respecto a todos los candidatos en liza –método que se conoce como de “voto preferencial”, “voto alternativo”, o “desempate instantáneo” (instant runoff voting )– en cuyo caso las sucesivas rondas de votación quedan sustituidas por el escrutinio de las papeletas ; o bien, como en la elección del COI del pasado viernes, pueden llevarse a cabo sucesivas votaciones, en las que se va eliminando un candidato en cada ronda –método conocido como de “votación exhaustiva” (exhaustive voting).

Ahora bien, en esta última variante, cuando los votantes conocen el resultado de cada votación antes de llevar a cabo la siguiente, pueden verse tentados a votar «estratégicamente», esto es, a no manifestar sus genuinas preferencias, sino a falsearlas para tratar de asegurar el triunfo de una candidatura alta en su orden de preferencias o eliminar al contendiente que, llegado a una votación final, podría vencer a su candidato preferido.

Cuando en septiembre de 1990 el COI eligió Atlanta como sede de los juegos de 1996, hubo rumores de que Atenas había perdido de resultas de una maniobra de esa naturaleza.

Por eso, a partir de 1993 el COI dejó de hacer públicos la distribución de votos en cada ronda y se limita a anunciar la ciudad eliminada, lo que hace mucho más difícil y arriesgada cualquier maniobra estratégica.

El método preferencial no es tampoco perfecto y puede dar pie a paradojas teóricas (en mi blog en Expansion.com puede encontrarse una); pero resulta preferible al de mayoría relativa, porque toma en cuenta el conjunto de preferencias de los votantes y favorece aquellas opciones que, como la candidatura de Río el pasado viernes, concita un amplio apoyo entre el electorado, aunque no sea como primera preferencia.

El futuro de España
A juzgar por los resultados parciales de las votaciones del COI, el método del voto preferencial produjo un resultado justo, acorde con las preferencias de la mayoría de sus miembros: sin entrar a juzgar las razones últimas de tales preferencias, está claro que muchos de quienes votaron inicialmente a Chicago y a Tokio preferían Río a Madrid, como quedó de manifiesto en la última ronda. Por eso, el método de votación reflejó fielmente esas preferencias, lo que no habría sido posible con el método de mayoría relativa. Atribuir el resultado a maniobras del presidente del COI, Jacques Rogge –como han hecho algunos–, parece fruto de un rabieta.

La elección de Río constituye, además, un merecido espaldarazo al Brasil de Lula, un país que, como escribía Iñaki Garay en estas mismas páginas, “ha sabido compaginar dosis asumibles de política social con un alto grado de responsabilidad fiscal, para convertirse en uno de los países más fiables del mundo y el referente válido de Iberoamérica” y se ha convertido en “el legítimo representante de ese mundo emergente que pide paso y que ha demostrado en la última crisis que es de fiar”.

La solidez mostrada y apoyo concitado por la candidatura española no sólo constituye un buen augurio para que Madrid aspire a ser elegida sede de los Juegos de 2020, sino que arroja una enseñanza mucho más profunda que el editorial de El Mundo del sábado exponía así con acierto: “Si se pusiera la mitad de talento, trabajo y buena voluntad que se ha desplegado en este evento en la solución de los grandes problemas nacionales, el futuro de España sería esplendoroso”. O incluso olímpico.

Fuente: Expansion

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