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El Intercambio Impera en Politing

In ARTÍCULOS Y MÁS on octubre 9, 2009 at 1:32 pm
Si tú me das… yo te doy…

Por Carlos Salazar Vargas

“No hay que tenerle miedo a la negociación… más bien hay que negociar sin miedo” . J.F.K.

La razón de ser del marketing son los intercambios: en el comercial son productos por dinero, en el electoral son votos por promesas y ellos se deben optimizar de tal forma que la relación sea continua, duradera y mutuamente beneficiosa. Por eso, no basta votar una vez por un candidato, se debe estar dispuesto a repetir el voto por él; de lo contrario, el candidato se transforma en un santo milagroso que convierte a sus electores en arrepentidos conversos, que prometen no volver a cometer la bestialidad de votar nuevamente por él.

El intercambio así concebido es, entonces, un proceso y para que se realice, debe cumplir cinco condiciones que –por muy obvias- pasan desapercibidas. Entenderlas es parte del Marketing Político Integrado –Politing- y ofrece importantes luces sobre la actividad política en general y la electoral en particular.

La primera condición – muy lógica por cierto-, es que existan dos partes: “yo con yo”, no se vale. Aunque parezca evidente, no puede haber candidato sin electorado, ni electorado sin candidato. Lanzarse a la arena política sin electorado es “hacer el oso” al permitir que le cuenten sus escasos votos. Tal es el caso de quien obtuvo tres votos y su mujer le exigió el divorcio aduciendo que el tercero debía ser de la amante. Y es que sin electorado, ni seguidores, sin partidarios ni electores, sin amigos ni simpatizantes, no se puede pretender ser candidato. De ahí la importancia del grupo primario de no más de cinco o siete personas (pero siempre impar) que sirva como foco generador para irradiar el apoyo a su candidatura.

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El sanedrín de todo candidato, como uno de los valores agregados que pregona el Politing, debe estar motivado hacia el logro, no al poder, ni a la filiación. El caso contrario, es decir, un electorado sin candidato, es el reflejo inequívoco de la carencia de líderes capaces de canalizar los intereses, deseos y aspiraciones del electorado. Como resultado, se vota en blanco, por el menos peor, en contra de otro candidato, es decir el “voto de castigo”.

El segundo requisito para el intercambio, es que cada una de las partes tenga algo de valor que desee la otra. El deseo del candidato es claro: busca apoyo, respaldo y en últimas, el voto (hay quienes desean sólo el voto, así sea sin apoyo ni respaldo). De la orilla opuesta, surge la pregunta de ¿qué desea el elector del candidato?: las respuestas pueden ir de lo sublime a lo perverso y como sólo los ciudadanos lo saben, a ellos –y solo a ellos- hay que preguntarles. Esa respuesta básica, corresponde a la investigación del mercado electoral.

La tercera, es que cada parte (candidato y elector) se comuniquen entre sí. Ni el monólogo ni el autismo son válidos. Tan importante la capacidad del candidato para comunicarse con su electorado, como la posibilidad de éste para comunicarse con aquel. De ahí que la Internet esté cambiando la forma de hacer política. Sin embargo, la disposición es bien importante, porque no hay peor sordo que quien no quiere oír.

Que las partes participen voluntariamente, es la cuarta condición. Es la libertad para aceptar o rechazar la oferta del otro. Vale la pena preguntarse si actualmente, algún elector puede –por su voto- verse avocado a perder su puesto o no conseguir educación para sus hijos. Del otro lado, surge la pregunta de si el candidato tiene que aceptar todos los apoyos o puede darse el lujo de rechazar algunos.

Y es que hay candidatos que piden a gritos que los libren de los amigos, que de los enemigos ellos se defienden solos. Indudablemente, hay compañías que matan.

El quinto y último requisito, es el deseo de participar en el proceso de intercambio. Aspectos tales como la apatía, el desinterés, el desgano, lo que ahora llaman la anomia del elector, es un peligro para las democracias como las nuestras. Irónica y muy frecuentemente, mientras que el candidato quiere participar, los ciudadanos no quieren ni que les nombren el tema.

De lo anterior se desprende la importancia de tener presente cuando se vota, qué es lo que se da y qué se recibe. Solo así se puede pedir, recibir y dar el voto con tranquilidad y se evita lo que se lamentaba un candidato cuando aseguraba que sus electores estaban enfermos de la vista, porque dizque lo miraban a él pero se lo daban a otro. Es bien sabido que pedirlo, así como así, sin ninguna contraprestación, se ve mal, es de mal gusto y sobre todo… se corre el riesgo de que se lo den.

Fuente: Poblanerias

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