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Aniversario Obama o el juego de las expectativas

In ARTÍCULOS Y MÁS, MULTIMEDIA POLÍTICA, OBAMA on noviembre 15, 2009 at 10:37 pm

Por Carlos Ruiz Mateos

¿Se puede juzgar una presidencia en tan sólo un año? ¿Se puede condenar o encumbrar a un gobernante 365 días despúes de haber ganado unas elecciones? Seguramente no. Sería harto complicado y, sobre todo, injusto. Sin embargo, puede analizarse el estado de ánimo en torno a la Administración Obama, sus motivos, la dirección que está tomando esta presidencia y dónde puede acabar.

Obama ha roto moldes desde su “nacimiento político” (cuando pasó a jugar en primera división) en 2004. Y ya aquel día, en la Convención Demócrata que eligió a J. Kerry candidato a la presidencia, supo jugar con los sentimientos más profundos del votante: les inculcó la esperanza de que las cosas podían ser diferentes, que América había perdido el rumbo pero que los valores que les habían hecho grandes esperaban pacientemente tras una clase política trasnochada y sin rumbo, residente toda ella en Washington.

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El Plan Obama para alcanzar la presidencia pasaba, precisamente, por generar esa sensación en el americano medio: que el cambio estaba ahí delante y que ellos podían/debían protagonizarlo, capitalizando el resultado en las urnas. Es importante dimensionar este punto, pues es fundamental. Obama candidato consiguió crear tal expectación y esperanza en el futuro, que traspasó la política y el colectivismo para asentarse en la esfera más personal de los norteamericanos.

“Obama no juega con la política. Juega con los sentimientos en el terreno de la política.”

La consecuencia más importante de esa campaña, que ha marcado de manera definitiva su presidencia, es el juego de las expectativas. Los electores exigen ya los cambios radicales que les prometieron; no pueden esperar porque les afecta personalmente el devenir de los hechos, como nunca antes habían experimentado.

Toda norma o decisión que se va aplazando por distintos motivos (encalla en el Congreso, necesita más recorrido, no se puede hacer todo a la vez) genera una frustración en el votante que Obama debe saber gestionar con eficiente y sabiduría, pues la reelección le va en ello.

Barack Obama sigue siendo un maestro de la política emotiva también como presidente: la reforma sanitaria y la revocación del don´t ask, don´t tell -homosexuales en el Ejército- , no son políticas sanitarias ni sociales, sino dos banderas del cambio en América.

En contra de lo que piense mucha gente, la concesión del Nobel de la Paz es el peor regalo que le podían hacer a Obama. El mundo espera tanto de este presidente que la cadena de frustraciones puede hacerle caer. Estamos haciendo tan grande a Obama que un día no va a caber por la puerta de la Casa Blanca.

Fuente: Escuela de Comunicación Política

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